enero 24, 2022

¿Quién consume cocaína?

Actualmente, en España la cocaína es la droga más consumida después del alcohol, el tabaco, los hiposedantes (con receta o no) y el cannabis, según el informe del “Plan Nacional de Drogas (PND)” publicado el 31 de julio de 2021. Este informe muestra la prevalencia de consumo durante los últimos 12 meses en la población de entre 15 y los 44 años de edad. 

Por otro lado, el “Observatorio Español sobre Drogas (OED)” indica que los consumidores más comunes son hombres de más de 35 años que pertenecen a la clase media/alta que tienen una posición consolidada.

Más allá de las estadísticas, este articulo tiene la intención de mostrar las características y los rasgos que tienen mayor relación con el consumo. Todo y que cualquier persona es susceptible a caer en una adicción, hay ciertos rasgos que predisponen a la persona y la hacen más vulnerable de convertirse en un adicto. A continuación, se mostrará los principales rasgos/características de los individuos que son propensos al consumo de cocaína.

La primera característica es la baja tolerancia a la frustración (BTF). A grandes rasgos la baja tolerancia a la frustración es la incapacidad de aceptar la disonancia entre las cosas “tal y como son” respecto a cómo “uno desearía que fueran”, es decir, la diferencia entre la realidad y la expectativa. No poder gestionar tal malestar lleva a las personas a recurrir a conductas evitativas en la que podemos encontrar el consumo de cocaína. Entonces la cocaína se convierte en una fuente de satisfacción inmediata y de búsqueda se sensaciones que permite a la persona a lidiar con el malestar a corto plazo, pero se convierte en un sufrimiento a largo plazo.

La impulsividad es otro aspecto que predispone al consumo de cocaína. Una persona impulsiva tiene menor capacidad de autocontrol, de tomar decisiones, de planificación y de reflexión. Es decir, que cuando aparezca la necesidad de consumir le será más difícil renunciar al consumo y de encontrar una alternativa que le permita gestionar su malestar o su ansia de satisfacción inmediata. A parte a nivel fisiológico el consumo de cocaína afecta al juicio, a la toma de decisiones, a la planificación y a la capacidad de autocontrol, ya que afecta al lóbulo prefrontal. Es decir, el consumo acentúa la impulsividad y la impulsividad acentúa el consumo.

Otro elemento que predispone al consumo de cocaína es la carencia de habilidades sociales. Esta carencia dificulta la asertividad, la expresión emocional, establecer vínculos íntimos, compartir el malestar con los demás etc… De esta manera, el cocainómano no tiene la confianza para apoyarse en los demás, y de saber gestionar los conflictos de una manera sana. En consecuencia, la persona no puede expresar las emociones que le crean malestar ni resolver los conflictos con los demás.  Al final, la persona se encierra en sí misma, no puede entenderse, ni que le entiendan y no puede expresar su esencia.

Esta incapacidad de conectar consigo mismo hace que no puede identificar sus emociones y con lo que es. Entonces la persona puede entrar en una incongruencia vital, que le haga vivir en piloto automático en una vida insatisfactoria que no tiene nada que ver con lo que es y quiere. Esto puede afectar a todos los ámbitos de su vida si no tiene las herramientas para cambiar.

Por último, la persona adicta a la cocaína suele mostrar una baja autoestima y un autoconcepto sesgado por sus creencias irracionales. A partir de estas creencias el sujeto se desvalora, juzga, se pone etiquetas y exigencias con las que se identifica. Si estas creencias irracionales no se cuestionan la persona es mucho más propensa a caer en el consumo de cocaína.