diciembre 9, 2021

¿Por qué una persona se hace adicta a la cocaína?

Toda adicción parte de un desequilibrio en algún aspecto de la naturaleza humana, y no me refiero a una alteración bioquímica, que puede que se dé en una genética predisponente, sino en aspectos no integrados en la propia vida o bien en una tendencia a vivir atrapados en el deseo, los estímulos o la búsqueda de emociones.

-La existencia tiene algo de aburrida, rutinaria, con elementos excitantes y estimulantes que suceden de vez en cuando pero con mayor abundancia de lo conocido, lo cual en sí no es negativo porque nos puede permitir trabajar en el conocimiento y la introspección (de ahí la música, el cine, el arte, la literatura, el deporte, los amigos, etc.)-.

El problema viene cuando una persona está saturada de estímulos estresantes, ya sean positivos o negativos, por circunstancias profesionales, familiares, sociales o bien cuando, ante cierto vacío interior, los busca, va a su encuentro.

Un empresario, un profesional de élite o un alto ejecutivo cargado de responsabilidad que tienen que lidiar con una gestión intensa de forma cotidiana, un músico que debe estar permanentemente energético y positivo para dar conciertos, para componer, una persona que soporta una serie de frustraciones personales que no sabe integrar y aprender de ellas, son posibles candidatos al consumo de cocaína. La utilizan como una especie de “medicamento” para soportar la vida, para seguir el ritmo, para permanecer exitosos o en la cresta de la ola.

Luego están los que consumen poco y de vez en cuando para vivir experiencias más intensas, para divertirse, para fluir, para interconectar agilmente. El problema está en que a medida que eso ocurre “todo lo demás” se va haciendo cada vez más insípido, insustancial, y entonces se buscan nuevos estímulos y, muy probablemente, más cocaína.

El cerebro, la psique humana, requiere de cierta paz, serenidad, y si una persona se vuelca hacia “lo mundano” o al contrario se retrae “del mundo”, puede que tarde o temprano empiece a necesitar algún tipo de droga, ya sea legal o ilegal, es decir psicofármacos u otras sustancias, porque vivir requiere de un cierto equilibrio permanente, que incluye, a veces, no hacer nada y, otras, hacer actividades de baja estimulación.

Aquellos que simbólicamente “venden su alma al diablo” por una vida de éxito, fama y vorágine social, pagan como precio una cierta tortura mental cuando no están vinculados a eso que tanto persiguen. Si analizáramos bien las vidas de muchas de estas personas más que posible envidia nos podrían despertar ternura.
Quizás para estar perfectos/as y demostrar en una gala de premios todo su esplendor han necesitado medicarse o drogarse y no necesariamente solo ese día. Esto es algo que no se puede generalizar, siempre ha habido gente que sabe entrar y salir “del mundo” con habilidad y buena gestión personal, y que lo que provenga de éste no le importa excesivamente, por ejemplo, hay grandes actores que nunca ganaron un premio relevante y disfrutaron de sus profesiones, o grandes científicos o economistas que son capaces de innovar y generar avances significativos y que pasean desapercibidos/as entre la multitud sin necesidad de más.

Pero en realidad ¿quién consume? Como dice Roberto Saviano en su libro CeroCeroCero: Cómo la cocaína gobierna el mundo, muchísima más gente de la que uno cree, desde amas/os de casa hasta profesionales ilustres, desde gente que “lo parece” hasta de aquellos de “quien nunca lo dirías”.
La cocaína rige el sistema occidental, su aceleración, su consumo y su estilo de vida. Si desapareciera la cocaína es posible que se redujera el proceso de calentamiento del planeta, y no lo digo en broma. Estoy convencido que muchas decisiones vinculadas a la especulación financiera se toman acompañadas de esta sustancia, -un paréntesis, recomiendo ver la más que notable serie noruega “Exit”, basada en hechos reales, y en la que el narcisismo y la psico y sociopatía, de un grupo de brokers, campan por sus anchas-.

El gran problema es que una vez empieza el consumo, es más fácil que lleve a la adicción que no que acabe por reducirse o abandonarse del todo. La cocaína es como un objeto en el agua, o sube o baja pero es difícil que permanezca en el mismo lugar.

Y dejarla, cuando ya se ha configurado lo que explicaba en el artículo anterior, un complejo autónomo que funciona de manera independiente a la voluntad del consumidor, empieza a ser difícil, por ello es fundamental tomar conciencia de que uno tiene un problema y que quiere acabar con él.
A aquellos que consideren que “la dejan cuando quieran” les animaría a hacerlo durante sólo un mes, y si pueden, perfecto, sino es mejor hacer algo antes de que sea demasiado tarde: buscar ayuda terapéutica, del tipo que encaje más con la naturaleza o las circunstancias de cada uno y no parar hasta vencerla.

Damián Ruiz
www.ipadicciones.com