febrero 22, 2022

¿Cómo afectan las adicciones a la familia?

Las adicciones pueden tener severas consecuencias sobre la persona. Principalmente, afecta a la salud psicológica y a la salud física.

A parte del sufrimiento y de las afecciones individuales, estas consecuencias se pueden llegar a extender a otros ámbitos como podrían ser el social, laboral, proyectos, aficiones, desarrollo personal, economía etc…

Pero si hay un ámbito que se ve realmente afectado y de una manera muy cercana es la familia.

La presencia de una persona adicta dentro de un núcleo familiar altera el funcionamiento de éste.

En primer lugar, sobre todo en casos graves, el adicto se puede convertir en un elemento sobre el cuál orbitan los demás miembros de la familia. Es decir, llegado a cierto punto, las conductas de los otros miembros se ven condicionadas por la codependencia que genera el adicto.

Este contexto puede llegar a degenerar hasta tal punto que los esfuerzos que hacen los familiares para “ayudar” al adicto solo hacen que se refuerce aún más su conducta adictiva. En estos casos, la familia acaba asumiendo todas las responsabilidades que no alude el adicto. De esta manera, se entra en un ciclo vicioso, en el cuál es muy fácil que aparezca la manipulación hacia los familiares, ya que ni la voluntad del propio adicto es capaz de tomar las riendas de la situación.

Poco a poco, la familia se va adaptando a la situación, en lugar de ser el adicto quién tome consciencia de sí mismo y de sus acciones. Pero si la familia siempre está dispuesta de manera incondicional a sacarle “las castañas del fuego” es muy difícil que el adicto sea consciente de las consecuencias de sus actos. A su vez, si no se activa tal consciencia es más improbable que la persona genere una motivación real para salir de esta situación.

Cuando la patologización del núcleo familiar supera ciertos límites pueden surgir conductas como la violencia familiar, negligencias con los hijos, divisiones familiares, inversión de roles (hijos que cuidan a padres o abuelos que cuidan a adultos etc.…), problemas económicos, robos a los familiares, problemas legales, conflictos con otras personas, deterioro de las relaciones personales de los familiares por conductas inadecuadas del adicto, culpabilidad etc…

En último término, se puede dar que la familia opte por rechazar o abandonar al adicto, ya que la situación se ha tornado insostenible y el sufrimiento es demasiado grande para los familiares.

Dado tal contexto, las familias se encuentran en una situación muy frágil, en la cual es muy difícil alumbrar la línea que separa el apoyo de la sobreprotección. Por eso, la familia ha de aprender a mantener ciertos límites e instar al adicto a que muestre una voluntad de querer dejar la adicción y dejarse ayudar de una manera genuina.

Por último, para salir de cualquier adicción el actor principal siempre es la persona adicta. Por mucho que el entorno apoye a la persona, si ésta no tiene la intención de mejorar y hacerlo por sí misma, no podrá superar su problemática.