abril 28, 2022

¿Adicción o no adicción? Esa es la cuestión

El consumo de sustancias tóxicas es una práctica relativamente común en la sociedad actual. Dependiendo del contexto puede llegar a ser una conducta aceptada y común a nivel social. Todo y saber de sus causas, síntomas y consecuencias, es difícil diferenciar la difuminada línea que separa el uso del abuso. El uso puede derivar en abuso si hay una falta de consciencia sobre la funcionalidad del consumo.

En mayor o en menor medida, una gran parte de la población consume o ha consumido algún tipo de sustancias en algún momento. Pero la diferencia entre el adicto y el no adicto es si tales sustancias se utilizan con un fin lúdico o con un fin dependiente.

Igualmente, aunque en un principio la conducta sea lúdica, con el paso del tiempo puede resultar una conducta repetitiva dada su naturaleza placentera hasta convertirse en una drogodependencia. Por esta razón, en estos puntos puede ser difícil separar la adicción de la no adicción. Para hacer más clara la diferenciación, me gustaría rescatar la siguiente frase que decía un profesor que tuve en la secundaria: “Bebed cuando estéis contentos, no para poneros contentos”. En otras palabras, esta frase viene a decir que el bienestar no ha de depender de ninguna sustancia externa y cuando se consuma se ha de hacer desde el bienestar interno y la voluntad, no desde el malestar y la compulsión. 

Es decir, el elemento central de la adicción no es la sustancia implicada, sino la relación que la persona establece con ella.

Entonces ¿Cómo se puede identificar cuando una persona es adicta a una sustancia?

Un claro indicador es cuando empiezan a manifestarse las primeras consecuencias negativas que están vinculadas al consumo, ya sea a nivel físico, mental, social, laboral etc…, y el individuo no es capaz de controlar su conducta tóxica. O sea, se muestra una falta de autocontrol y unas conductas compulsivas respecto al consumo.

Una segunda señal es la saliencia sobre el objeto de consumo. Es decir, la sustancia se convierte en el centro vital de la persona. Su atención, conductas y pensamientos giran principalmente alrededor del consumo, hasta llegar al punto de descuidar el resto de las áreas de su existencia. Se podría decir que la persona desarrolla una obsesión respecto al estupefaciente. A partir de tales comportamientos erráticos y sus consecuencias suelen aparecen conflictos interpersonales y conflictos con otras actividades. Estos conflictos pueden ser otro indicador a tener en cuenta para diagnosticar una drogodependencia.

Otro factor observable es la tolerancia respecto a la sustancia. Es decir, a medida que avanza el tiempo, el sujeto necesita aumentar la dosis para poder lograr el mismo efecto placentero. Entonces, pasado un tiempo, será obvio que las cantidades serán mucho mayores. Una vez aparece la tolerancia, también es más visible otro elemento que ayuda a identificar una dependencia, el síndrome de abstinencia. El síndrome de abstinencia son los efectos emocionales desagradables y/o físicos que aparecen cuando el consumo es interrumpido o reducido significativamente.

Finalmente, un síntoma que revela y deja en evidencia que una persona sufre una adicción es la recaída. Aunque la voluntad del drogodependiente sea dejar o controlar la conducta, la persona no será capaz de hacerlo hasta que realice un trabajo terapéutico para poder superar la problemática.